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04 julio, 2014
JOSÉ MARTÍ PÉREZ
YUGO Y ESTRELLA
Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y del mundo copia suma,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ciñe,
¡Como que crea, crece!
Cuando al mundo
De su copa el licor vació ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta
Fiesta humana, sacó contento y grave
Su propio corazón: cuando a los vientos
De Norte y Sur virtió su voz sagrada,
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,
Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
¡Se oye que un paso más sube en la sombra!
Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.
JOSÉ MARTÍ PÉREZ
TENGO UN HUESPED...
Tengo un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.
¡Muy celoso, muy celoso!
Dormir no sabe mi huésped: no.
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón.
TIENE EL ALMA DEL POETA
Tiene el alma del poeta
Extrañeza singular:
Si en su paso encuentra al hombre
El poeta da en llorar.
Con la voz de un niño tiembla,
Es de amor, y al amor va—
Un amor que no se estrecha
En un límite carnal.
La corteza corrompida
El fruto corromperá.
Del amor de hembra no fío
Si su hoguera han de alumbrar
El quemante sol de estío
O el sol pálido autumnal:
¡Primavera —primavera,
Madre de felicidad!
Y TE BUSQUÉ POR PUEBLOS
Y te busqué por pueblos,
Y te busqué en las nubes,
Y para hallar tu alma
Muchos lirios abrí, lirios azules.
Y los tristes llorando me dijeron:
¡Oh, qué dolor tan vivo!
¡Que tu alma ha mucho tiempo que vivía
En un lirio amarillo!?
***
Mas dime ?¿cómo ha sido?
¿Yo mi alma en mi pecho no tenía?
Ayer te he conocido,
Y el alma que aquí tengo no es la mía.
Tengo un huésped muy inquieto
Del lado del corazón.
¡Muy celoso, muy celoso!
Dormir no sabe mi huésped: no.
Como una sierpe se enrosca
Mas no como sierpe, no:
Como hoguera que consume
El lado donde está mi corazón.
TIENE EL ALMA DEL POETA
Tiene el alma del poeta
Extrañeza singular:
Si en su paso encuentra al hombre
El poeta da en llorar.
Con la voz de un niño tiembla,
Es de amor, y al amor va—
Un amor que no se estrecha
En un límite carnal.
La corteza corrompida
El fruto corromperá.
Del amor de hembra no fío
Si su hoguera han de alumbrar
El quemante sol de estío
O el sol pálido autumnal:
¡Primavera —primavera,
Madre de felicidad!
Y TE BUSQUÉ POR PUEBLOS
Y te busqué por pueblos,
Y te busqué en las nubes,
Y para hallar tu alma
Muchos lirios abrí, lirios azules.
Y los tristes llorando me dijeron:
¡Oh, qué dolor tan vivo!
¡Que tu alma ha mucho tiempo que vivía
En un lirio amarillo!?
***
Mas dime ?¿cómo ha sido?
¿Yo mi alma en mi pecho no tenía?
Ayer te he conocido,
Y el alma que aquí tengo no es la mía.
JOSÉ MARTÍ
PATRIA ES HUMANIDAD
La manzana es un manzano
y el manzano es un vitral
el vitral es un ensueño
y el ensueño un ojalá
ojalá siembra futuro
y el futuro es un imán
el imán es una patria
patria es humanidad
El dolor es un ensayo
de la muerte que vendrá
y la muerte es el motivo
de nacer y continuar
y nacer es un atajo
que conduce hasta el azar
los azares son mi patria
patria es humanidad
Mi memoria son tus ojos
y tus ojos son mi paz
mi paz es la de los otros
y no sé si la querrán
esos otros y nosotros
y los otros muchos más
todos somos una patria
patria es humanidad
Una mesa es una casa
y la casa un ventanal
las ventanas tienen nubes
pero sólo en el cristal
el cristal empaña el cielo
cuando el cielo es de verdad
la verdad es una patria
patria es humanidad
Yo con mis manos de hueso
vos con tu vientre de pan
yo con mi germen de gloria
vos con tu tierra feraz
vos con tus pechos boreales
yo con mi caricia austral
inventamos una patria
patria es humanidad.
La manzana es un manzano
y el manzano es un vitral
el vitral es un ensueño
y el ensueño un ojalá
ojalá siembra futuro
y el futuro es un imán
el imán es una patria
patria es humanidad
El dolor es un ensayo
de la muerte que vendrá
y la muerte es el motivo
de nacer y continuar
y nacer es un atajo
que conduce hasta el azar
los azares son mi patria
patria es humanidad
Mi memoria son tus ojos
y tus ojos son mi paz
mi paz es la de los otros
y no sé si la querrán
esos otros y nosotros
y los otros muchos más
todos somos una patria
patria es humanidad
Una mesa es una casa
y la casa un ventanal
las ventanas tienen nubes
pero sólo en el cristal
el cristal empaña el cielo
cuando el cielo es de verdad
la verdad es una patria
patria es humanidad
Yo con mis manos de hueso
vos con tu vientre de pan
yo con mi germen de gloria
vos con tu tierra feraz
vos con tus pechos boreales
yo con mi caricia austral
inventamos una patria
patria es humanidad.
04 julio, 2013
EMILIO BALLAGAS
Emilio Ballagas fue uno de los poetas que exaltaron en su patria, Cuba, la poesía afroantillana. Buen ejemplo de ello es el poema "Para dormir a un negrito". A veces acude a la onomatopeya, como sucede con su poema "María Belén Chacón", ubicado también en su poesía negroide: "No fue ladrido ni uña / ni fue uña ni fue daño. / ¡La plancha de madrugada, fue quien te quemó el pulmón, / María Belén Chacón, María Belén Chacón". Ballagas fue rico en estilos y la multiplicidad de sus temas lo presentan como poeta ante todo, porque supo aprovechar las experiencias vividas para escribir versos hondos, a veces de un lirismo impresionante. Tampoco se detuvo ante la creación estética, y no le tembló el pulso cuando tuvo necesidad de acudir a la retórica. Uno de sus sonetos más famosos, "Fuente colonial", lo lleva a dar un ejemplo de rima sintáctica, cuando acude a los vocablos "no las" para rimar con violas. Sin embargo, fue el amor erótico el que le arrancó lo más genuino de su poesía. Cuando le envió a Octavio Paz su poema "Nocturno y elegía", el poeta y polígrafo mexicano le dijo: "El tono romántico, tan punzante, está diciendo a todos cómo, a veces, el camino más lento y difícil, el de la autenticidad, es el único" Ballagas colaboró con las principales publicaciones hispanoamericanas de su época, y en la revista de Avance y Antenas entre otras en su país. Se graduó de Doctor en Pedagogía en la Universidad de La Habana y ejerció el magisterio además de convertirse en un destacado traductor. Ganó el Premio Nacional de Poesía en 1951, con el libro Cielo en rehenes, que posteriormente Cintio Vitier incluyó en la edición de su obra poética, en 1955. (Luis Mario)
Camagüey (Cuba), 1910 - La Habana, 1954. Dr. Pedagogía y en Filosofía y Letras. Profesor, ensayista, antólogo, traductor. Poemarios: Júbilo y fuga (1931),Cuaderno de poesía negra (1934), Elegía sin nombre (1936),Nocturno y elegía (1938), Sabor eterno (1939), Nuestra Señora del Mar (1943), Décimas por el júblio martiano en el centenario del apóstol José Martí (1953), Obra poética de Emilio Ballagas (post. 1955; incl. Cielo en rehenes, 1951),Orbita de Emilio Ballagas (post. 1965), Obra poética (póst. 1984). Premios: Nacional (1951), Centenario de Martí (1953). Sobre su obra: Pallas, Rosa, La poesía de EB (1973).
PARA DORMIR A UN NEGRITO
Drómiti mi nengre,
drómiti nengrito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
Drómiti mi nengre,
mi nengre bonito.
¡Diente de merengue,
bemba de caimito!
Cuando tú sia glandi
va a sé bosiador…
nengre de mi vida,
nengre de mi amor…
(Mi chirivicoqui,
chiviricocó…
¡Yo gualda pa' ti
tajá de melón!)
Si no calla bemba
y no limpia moco,
le va'abrí la puetta
a Visente e'loco.
Si no calla bemba
te va'da e'gran sutto.
Te va 'a llevá e'loco
dentre su macuto.
Ne la mata e'güira
Te ñama sijú.
Condío en la puetta
Ettá e'tatajú...
Drómiti mi nengre
Cara'e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.
Mi chiviricoco,
Chivicoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
Ahora yo te acuetta
la'maca e'papito
y te mese suave…
du'ce…depasito…
y mata la pugga
y epanta moquito
pa' que droma bien
mi nengre bonito…
Drómiti mi nengre,
drómiti nengrito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
Drómiti mi nengre,
mi nengre bonito.
¡Diente de merengue,
bemba de caimito!
Cuando tú sia glandi
va a sé bosiador…
nengre de mi vida,
nengre de mi amor…
(Mi chirivicoqui,
chiviricocó…
¡Yo gualda pa' ti
tajá de melón!)
Si no calla bemba
y no limpia moco,
le va'abrí la puetta
a Visente e'loco.
Si no calla bemba
te va'da e'gran sutto.
Te va 'a llevá e'loco
dentre su macuto.
Ne la mata e'güira
Te ñama sijú.
Condío en la puetta
Ettá e'tatajú...
Drómiti mi nengre
Cara'e bosiador,
nengre de mi vida,
nengre de mi amor.
Mi chiviricoco,
Chivicoquito.
Caimito y merengue,
merengue y caimito.
Ahora yo te acuetta
la'maca e'papito
y te mese suave…
du'ce…depasito…
y mata la pugga
y epanta moquito
pa' que droma bien
mi nengre bonito…
EMILIO BALLAGAS
(Camagüey, 1908-La Habana, 1954)
NOCTURNO Y ELEGIA
Si pregunta por mí, traza en el suelo
una cruz de silencio y de ceniza
sobre el impuro nombre que padezco.
Si pregunta por mí, di que me he muerto
y que me pudro bajo las hormigas.
Dile que soy la rama de un naranjo,
la sencilla veleta de una torre.
No le digas que lloro todavía
acariciando el hueco de su ausencia
donde su ciega estatua quedó impresa
siempre al acecho de que el cuerpo vuelva.
La carne es un laurel que canta y sufre
y yo en vano esperé bajo su sombra.
Ya es tarde. Soy un mudo pececillo.
Si pregunta por mí dale estos ojos,
estas grises palabras, estos dedos;
y la gota de sangre en el pañuelo.
Dile que me he perdido, que me he vuelto
una oscura perdiz, un falso anillo
a una orilla de juncos olvidados:
dile que voy del azafrán al lirio.
Dile que quise perpetuar sus labios,
habitar el palacio de su frente.
Navegar una noche en sus cabellos.
Aprender el color de sus pupilas
y apagarse en su pecho suavemente,
nocturnamente hundido, aletargado
en un rumor de venas y sordina.
Ahora no puedo ver aunque suplique
el cuerpo que vestí de mi cariño.
Me he vuelto una rosada caracola,
me quedé fijo, roto, desprendido.
Y si dudáis de mí creed al viento,
mirad al norte, preguntad al cielo.
Y os dirán si aún espero o si anochezco.
¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes.
De mí hablarán un día los olivos
cuando yo sea el ojo de la luna,
impar sobre la frente de la noche,
adivinando conchas de la arena,
el ruiseñor suspenso de un lucero
y el hipnótico amor de las mareas.
Es verdad que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,
otra sonrisa la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé dónde.
Mejor será que espere a medianoche,
al extraviado olor de los jazmines,
y a la vigilia del tejado, fría.
No me recuerdes su entregada sangre
ni que yo puse espinas y gusanos
a morder su amistad de nube y brisa.
No soy el ogro que escupió en su agua
ni el que un cansado amor paga en monedas.
¡No soy el que frecuenta aquella casa
presidida por una sanguijuela!
(Allí se va con un ramo de lirios
a que lo estruje un ángel de alas turbias.)
No soy el que traiciona a las palomas,
a los niños, a las constelaciones...
Soy una verde voz desamparada
que su inocencia busca y solicita
con dulce silbo de pastor herido.
Soy un árbol, la punta de una aguja,
un alto gesto ecuestre en equilibrio;
la golondrina en cruz, el aceitado
vuelo de un búho, el susto de una ardilla.
Soy todo, menos eso que dibuja
un índice con cieno en las paredes
de los burdeles y los cementerios.
Todo, menos aquello que se oculta
bajo una seca máscara de esparto.
Todo, menos la carne que procura
voluptuosos anillos de serpiente
ciñendo en espiral viscosa y lenta.
Soy lo que me destines, lo que inventes
para enterrar mi llanto en la neblina.
Si pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y en la acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.
Tal vez me llore en el laurel o busque
mi recuerdo en la forma de una estrella.
NOCTURNO Y ELEGIA
Si pregunta por mí, traza en el suelo
una cruz de silencio y de ceniza
sobre el impuro nombre que padezco.
Si pregunta por mí, di que me he muerto
y que me pudro bajo las hormigas.
Dile que soy la rama de un naranjo,
la sencilla veleta de una torre.
No le digas que lloro todavía
acariciando el hueco de su ausencia
donde su ciega estatua quedó impresa
siempre al acecho de que el cuerpo vuelva.
La carne es un laurel que canta y sufre
y yo en vano esperé bajo su sombra.
Ya es tarde. Soy un mudo pececillo.
Si pregunta por mí dale estos ojos,
estas grises palabras, estos dedos;
y la gota de sangre en el pañuelo.
Dile que me he perdido, que me he vuelto
una oscura perdiz, un falso anillo
a una orilla de juncos olvidados:
dile que voy del azafrán al lirio.
Dile que quise perpetuar sus labios,
habitar el palacio de su frente.
Navegar una noche en sus cabellos.
Aprender el color de sus pupilas
y apagarse en su pecho suavemente,
nocturnamente hundido, aletargado
en un rumor de venas y sordina.
Ahora no puedo ver aunque suplique
el cuerpo que vestí de mi cariño.
Me he vuelto una rosada caracola,
me quedé fijo, roto, desprendido.
Y si dudáis de mí creed al viento,
mirad al norte, preguntad al cielo.
Y os dirán si aún espero o si anochezco.
¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes.
De mí hablarán un día los olivos
cuando yo sea el ojo de la luna,
impar sobre la frente de la noche,
adivinando conchas de la arena,
el ruiseñor suspenso de un lucero
y el hipnótico amor de las mareas.
Es verdad que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,
otra sonrisa la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé dónde.
Mejor será que espere a medianoche,
al extraviado olor de los jazmines,
y a la vigilia del tejado, fría.
No me recuerdes su entregada sangre
ni que yo puse espinas y gusanos
a morder su amistad de nube y brisa.
No soy el ogro que escupió en su agua
ni el que un cansado amor paga en monedas.
¡No soy el que frecuenta aquella casa
presidida por una sanguijuela!
(Allí se va con un ramo de lirios
a que lo estruje un ángel de alas turbias.)
No soy el que traiciona a las palomas,
a los niños, a las constelaciones...
Soy una verde voz desamparada
que su inocencia busca y solicita
con dulce silbo de pastor herido.
Soy un árbol, la punta de una aguja,
un alto gesto ecuestre en equilibrio;
la golondrina en cruz, el aceitado
vuelo de un búho, el susto de una ardilla.
Soy todo, menos eso que dibuja
un índice con cieno en las paredes
de los burdeles y los cementerios.
Todo, menos aquello que se oculta
bajo una seca máscara de esparto.
Todo, menos la carne que procura
voluptuosos anillos de serpiente
ciñendo en espiral viscosa y lenta.
Soy lo que me destines, lo que inventes
para enterrar mi llanto en la neblina.
Si pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y en la acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.
Tal vez me llore en el laurel o busque
mi recuerdo en la forma de una estrella.
13 septiembre, 2012
ALFÉREZ CRISTÓBAL DE LA COBA MACHICAO
Nació en Camaguey. Era alférez y regidor. Una hermana suya, Catalina, casó en segundas nupcias con Silvestre de Balboa, y otra, llamada doña Blasina, casó con Bartolomé Sánchez, otro de los sonetistas laudatorios de Balboa.
SONETO
Tan alto vuelas, pájaro Canario,
que se pierde de vista ya tu vuelo,
cual águila caudal que sube al cielo
a buscar su remedio en su contrario.
Tú que con nuevo estilo extraordinario
tu fama extiendes por el ancho suelo
contando la prisión y desconsuelo
del divino Pastor Santo Vicario.
Baja del alto alcázar de Elicona
donde tu claro ingenio te ha subido
a esa fragilidad nuestra ordinaria.
Y ceñirán tus sienes la Corona
del lauro bello sin sazón cogido
que te ofrece tu madre Gran Canaria.
SONETO
Tan alto vuelas, pájaro Canario,
que se pierde de vista ya tu vuelo,
cual águila caudal que sube al cielo
a buscar su remedio en su contrario.
Tú que con nuevo estilo extraordinario
tu fama extiendes por el ancho suelo
contando la prisión y desconsuelo
del divino Pastor Santo Vicario.
Baja del alto alcázar de Elicona
donde tu claro ingenio te ha subido
a esa fragilidad nuestra ordinaria.
Y ceñirán tus sienes la Corona
del lauro bello sin sazón cogido
que te ofrece tu madre Gran Canaria.
19 julio, 2012
CAPITÁN PEDRO DE LAS TORRES SIFONTES
De las Torres Sifontes nació en Camaguey. Su alabanza de la obra de Silvestre de Balboa se significa por la definición de "soneto criollo de la tierra". Debe suponerse lógicamente que fue escrito una vez conociera el poema. La carta dedicatoria de éste va firmada el 30 de julio de 1608. Como en el caso de Silvestre de Balboa, cabe deducir que no fuera este soneto lo primero ni lo único que escribiera De las Torres Sifontes (o Sifuentes, según otros), porque revela una facilidad de expresión que habitualmente nace de la práctica, de la costumbre del soneto. Por otra parte, ese momentode la lírica cubana es exactamente el mismo de los grandes sonetos de la lírica mejicana.
SONETO
Habeis echado el sello á vuestra ciencia
con tan sublime obra, buen Silvano,
diciendo del Ilustre Altamirano
el valor, cristiandad, y la paciencia.
Infalible verdad fué la pendencia
que Ramos tuvo con el luterano;
vengó al Pastor la ponderosa mano,
dándonos á entender su omnipotencia.
Que al humilde levanta y de la loa,
y al soberbio arroganteecha por tierra;
estilo del señor muy ordinario.
Recibe de mi mano, buen Balboa,
este soneto criollo de la tierra
en señal de que soy tu tributario.
SONETO
Habeis echado el sello á vuestra ciencia
con tan sublime obra, buen Silvano,
diciendo del Ilustre Altamirano
el valor, cristiandad, y la paciencia.
Infalible verdad fué la pendencia
que Ramos tuvo con el luterano;
vengó al Pastor la ponderosa mano,
dándonos á entender su omnipotencia.
Que al humilde levanta y de la loa,
y al soberbio arroganteecha por tierra;
estilo del señor muy ordinario.
Recibe de mi mano, buen Balboa,
este soneto criollo de la tierra
en señal de que soy tu tributario.
08 agosto, 2009
REYNALDO SOTO HERNANDEZ
(Morón-1966)

CARTA DE AMOR A ANTINOO DESDE EL UMBRAL DEL SIGLO
¿En qué pensaste Antínoo, cuando el lodo del río
desesperadamante se amontonó en tus ojos?
¿Qué palabra estalló sobre la piel del agua
con la última burbuja cálida de tu aliento?
¿De qué espesor y hondura era tu soledad,
de qué largo y color tu miedo al desamparo;
¡a la sombra de un rey! la tarde en que partiste?
¿Sentiste miedo, dime, a la hora de confundir
con el frío de tu corazón el frío del fondo?
¿Ya te sabías divino, etéreo, inabarcable,
tocado por el aura sin fin de la belleza?
¿Cuál piedra fue tu cómplice? ¿a qué juncos eternos
se ciñeron tus dedos, para anclar tu cadáver
como una mariposa en el centro del tiempo?
¿Pronunciaste mi nombre? ¿creíste en mí, chiquillo,
que desde veinte siglos después te sigo amando
como si nunca jamás te hubieras ido?
Yo estoy aquí, ¿me ves? de pie frente a tu piedra,
frente a tu noble frente en piedra eternizada,
mirándote morir. Tal vez sacrificándote;
porque debes saber que aunque en ti se haga luz
mi amor desmesurado, y aunque te siga amando
hasta que se me despoble a golpes la memoria,
yo te ahogaría, niño, con estas mismas manos,
tan sólo para que la leyenda de tu entrega,
diminuto gigante, no nos falte a los hombres.
Te tengo dos mil años de lágrimas de deuda
que no podré pagarte. Aquí te traigo en cambio
un girasol, un beso, un pájaro, estos versos,
y el venirte a decir que desde mi distancia
yo quiero ser el pez que cruza por tu rostro
con su aire precoz de ausencia y soledad,
de desesperación y miedo en la mirada.
¿En dónde estás ahora? ¿Encontraste el camino?
¿No se pudrió tu risa en tantos avatares?
¿A dónde van los muertos que mató el amor?
Charlotte, Carolina del Norte. Abril 27-30 del 2003.
PLEGARIA
Para Yoel, así.
Sálvame tú, divina adolescencia;
repárteme en tu arder, hazme tu espejo,
déjame hacerme en ti de mi reflejo,
como una fiebre entrar en tu inocencia.
Riega la curva dócil de tu imagen
por mi cuerpo quemándose en tu asombro,
asúmeme triunfal, ponme en tu escombro
a que a hacerte otra vez mis manos bajen.
Cállame en ti, dador, como he venido;
casi vencida nieve, casi lluvia,
a derramar en ti mi verbo herido
para otra vez nacer bajo tu pluvia.
Deja mi vuelo preso en el fluido
de la extensión alar de tu alma rubia.
QUIJOTISMO
Vístase el mercader de mariposas,
Hágase el general ungir de santo,
Apiádese el verdugo a humano llanto,
Póngase el dictador a dictar rosas.
Asquéese el ladrón ante lo hurtado,
Dedíquese el ególatra al amigo,
Descúbrase el banquero ante el mendigo,
Tórnese el indignante en indignado.
Acábese el poder por el garrote,
Désele licitud a lo prohibido,
Desvalórese el brillo del lingote,
Vitoréese al arte, no al partido.
Vuélquese todo y seguiré quijote,
Que no me engañas, mundo, estas podrido.

CARTA DE AMOR A ANTINOO DESDE EL UMBRAL DEL SIGLO
¿En qué pensaste Antínoo, cuando el lodo del río
desesperadamante se amontonó en tus ojos?
¿Qué palabra estalló sobre la piel del agua
con la última burbuja cálida de tu aliento?
¿De qué espesor y hondura era tu soledad,
de qué largo y color tu miedo al desamparo;
¡a la sombra de un rey! la tarde en que partiste?
¿Sentiste miedo, dime, a la hora de confundir
con el frío de tu corazón el frío del fondo?
¿Ya te sabías divino, etéreo, inabarcable,
tocado por el aura sin fin de la belleza?
¿Cuál piedra fue tu cómplice? ¿a qué juncos eternos
se ciñeron tus dedos, para anclar tu cadáver
como una mariposa en el centro del tiempo?
¿Pronunciaste mi nombre? ¿creíste en mí, chiquillo,
que desde veinte siglos después te sigo amando
como si nunca jamás te hubieras ido?
Yo estoy aquí, ¿me ves? de pie frente a tu piedra,
frente a tu noble frente en piedra eternizada,
mirándote morir. Tal vez sacrificándote;
porque debes saber que aunque en ti se haga luz
mi amor desmesurado, y aunque te siga amando
hasta que se me despoble a golpes la memoria,
yo te ahogaría, niño, con estas mismas manos,
tan sólo para que la leyenda de tu entrega,
diminuto gigante, no nos falte a los hombres.
Te tengo dos mil años de lágrimas de deuda
que no podré pagarte. Aquí te traigo en cambio
un girasol, un beso, un pájaro, estos versos,
y el venirte a decir que desde mi distancia
yo quiero ser el pez que cruza por tu rostro
con su aire precoz de ausencia y soledad,
de desesperación y miedo en la mirada.
¿En dónde estás ahora? ¿Encontraste el camino?
¿No se pudrió tu risa en tantos avatares?
¿A dónde van los muertos que mató el amor?
Charlotte, Carolina del Norte. Abril 27-30 del 2003.
PLEGARIA
Para Yoel, así.
Sálvame tú, divina adolescencia;
repárteme en tu arder, hazme tu espejo,
déjame hacerme en ti de mi reflejo,
como una fiebre entrar en tu inocencia.
Riega la curva dócil de tu imagen
por mi cuerpo quemándose en tu asombro,
asúmeme triunfal, ponme en tu escombro
a que a hacerte otra vez mis manos bajen.
Cállame en ti, dador, como he venido;
casi vencida nieve, casi lluvia,
a derramar en ti mi verbo herido
para otra vez nacer bajo tu pluvia.
Deja mi vuelo preso en el fluido
de la extensión alar de tu alma rubia.
QUIJOTISMO
Vístase el mercader de mariposas,
Hágase el general ungir de santo,
Apiádese el verdugo a humano llanto,
Póngase el dictador a dictar rosas.
Asquéese el ladrón ante lo hurtado,
Dedíquese el ególatra al amigo,
Descúbrase el banquero ante el mendigo,
Tórnese el indignante en indignado.
Acábese el poder por el garrote,
Désele licitud a lo prohibido,
Desvalórese el brillo del lingote,
Vitoréese al arte, no al partido.
Vuélquese todo y seguiré quijote,
Que no me engañas, mundo, estas podrido.
18 mayo, 2009
DELFÍN PRATS
(Holguín, 1945)
FÁBULA DEL CAZADOR Y EL CIERVO
El ciervo escapa, lejos del cazador que lo persiguen
como el juglar al verso que entre nieblas discurre
Cercana la infancia, distantes las montañas
que azulean a lo lejos, al borde del abismo
por donde cruzan, trémulas, las manos del juglar
Toda la expectativa por el futuro incierto está en sus ojos
La yerba fresca, la espesura del bosque
el borde tímido del agua
no pueden ser la obra del azar
como tampoco pueden serlo los amorosos cantos
que el cazador dispone como trenzada red para atraparlo
Lejos de la mirada del juglar el ciervo escapa
por la linde del bosque. El universo:
inocente metáfora de Dios que al unisonó copian
las pupilas del ciervo y el canto del juglar
Y cuando finalmente es atrapado, disuelto en el discurso
ardiendo en el abrazo, que el vino y las palabras enardecen
el ciervo nuevamente escapa
lejos del cazador que lo contempla
ahora en los contextos de la fábula
HUMANIDAD
Hay un lugar llamado humanidad
un bosque húmedo después de la tormenta
donde abandona el sol los ruidosos colores del combate
una fuente un arroyo una mañana abierta desde el pueblo
que va al campo montada en borrico
hay un amor distinto un rostro que nos mira de cerca
pregunta por la época nueva de la siembra
e inventa una estación distinta para el canto
una necesidad de hacer todas las cosas nuevamente
hasta las más sencillas
lavarse en las mañanas mecer al niño cuando llora
o clavetear la caja del abuelo
sonreír cuando alguien nos pregunta
el porqué de la pobreza del verano y sin hablar
marchar al bosque por leña para avivar el fuego
hay un lugar sereno un recobrado y dulce lugar llamado
humanidad
PROGRAMA PÁGINAS DE RADIO ANGULO, EN HOLGUIN, AL QUE FUE INVITADO DELFÍN PRATS
FÁBULA DEL CAZADOR Y EL CIERVO
El ciervo escapa, lejos del cazador que lo persiguen
como el juglar al verso que entre nieblas discurre
Cercana la infancia, distantes las montañas
que azulean a lo lejos, al borde del abismo
por donde cruzan, trémulas, las manos del juglar
Toda la expectativa por el futuro incierto está en sus ojos
La yerba fresca, la espesura del bosque
el borde tímido del agua
no pueden ser la obra del azar
como tampoco pueden serlo los amorosos cantos
que el cazador dispone como trenzada red para atraparlo
Lejos de la mirada del juglar el ciervo escapa
por la linde del bosque. El universo:
inocente metáfora de Dios que al unisonó copian
las pupilas del ciervo y el canto del juglar
Y cuando finalmente es atrapado, disuelto en el discurso
ardiendo en el abrazo, que el vino y las palabras enardecen
el ciervo nuevamente escapa
lejos del cazador que lo contempla
ahora en los contextos de la fábula
HUMANIDAD
Hay un lugar llamado humanidad
un bosque húmedo después de la tormenta
donde abandona el sol los ruidosos colores del combate
una fuente un arroyo una mañana abierta desde el pueblo
que va al campo montada en borrico
hay un amor distinto un rostro que nos mira de cerca
pregunta por la época nueva de la siembra
e inventa una estación distinta para el canto
una necesidad de hacer todas las cosas nuevamente
hasta las más sencillas
lavarse en las mañanas mecer al niño cuando llora
o clavetear la caja del abuelo
sonreír cuando alguien nos pregunta
el porqué de la pobreza del verano y sin hablar
marchar al bosque por leña para avivar el fuego
hay un lugar sereno un recobrado y dulce lugar llamado
humanidad
PROGRAMA PÁGINAS DE RADIO ANGULO, EN HOLGUIN, AL QUE FUE INVITADO DELFÍN PRATS
09 julio, 2008
JOSE MARTÍ PÉREZ
El primer trabajo impreso de Martí, es el poema A Micaela, dedicado a Micaela Nin, esposa de Rafael María de Mendive, maestro de Martí, por la muerte del hijo de ambos. Este poema apareció en el periódico guanabacoense El Álbum, el 26 de abril de 1868. Este periódico fue fundado y dirigido por Manuel Nápoles Fajardo, hermano mayor de Juan Cristóbal (El Cucalambé). Martí solo tenía 15 años de edad cuando se publicó este poema.
A MICAELA
1
Cuando en la noche del duelo
Llora el alma sus pesares,
Y lamenta su desgracia,
Y recuerda sus afanes,
Tristes lágrimas se escapan
Como perlas de los mares;
Y por eso, Micaela,
Triste lloras sin que nadie
Tu dolor consolar pueda
Y tus sollozos acalle;
Y por eso, Micaela,
Triste en tu dolor de madre,
Lloras siempre, siempre gimes
La muerte de Miguel Ángel.
2
Allí está! Cual fresca rosa,
Blanco lirio de la tarde,
Sentado en el verde musgo,
Yace tu Miguel, tu ángel,
La imagen de tus delirios;
La noche de tus afanes,
El alma de tus amores,
Consuelo de tus pesares,
Pura gota de rocío
Que al blando beso del aire
Casta brotò de tu seno
Convertida en Miguel Ángel.
3
Allí está! Lágrimas tristes
Anublan tu faz de madre,
Porque les falta a tus ojos
Algo bello, algo tan suave
Como las nubes de oro,
Rosa y grana de la tarde;
Y en el aire que respiras,
Y en las hojas de los árboles
Ves cruzar cual misteriosa
Sombra, de tu amor imagen,
A la perla de tus Sueños,
Al precioso Miguel Ángel.
4
¿Pero no ves, Micaela,
Esa nube y esos ángeles?
Mira! No ves còmo suben?
¿Los ves? ¿Los ves? ¡Triste madre,
Ya se llevan a tu hijo
De tus delirios la imagen;
El alma de tus amores,
La noche de tus afanes,
Pura gota de rocío,
Linda perla de los mares!...
¡Llora! llora, Micaela,
Porque se fue Miguel Ángel!
[Abril de 1868]
ilustración: Eduardo Jo.
A MICAELA
1
Cuando en la noche del duelo
Llora el alma sus pesares,
Y lamenta su desgracia,
Y recuerda sus afanes,
Tristes lágrimas se escapan
Como perlas de los mares;
Y por eso, Micaela,
Triste lloras sin que nadie
Tu dolor consolar pueda
Y tus sollozos acalle;
Y por eso, Micaela,
Triste en tu dolor de madre,
Lloras siempre, siempre gimes
La muerte de Miguel Ángel.
2
Allí está! Cual fresca rosa,
Blanco lirio de la tarde,
Sentado en el verde musgo,
Yace tu Miguel, tu ángel,
La imagen de tus delirios;
La noche de tus afanes,
El alma de tus amores,
Consuelo de tus pesares,
Pura gota de rocío
Que al blando beso del aire
Casta brotò de tu seno
Convertida en Miguel Ángel.
3
Allí está! Lágrimas tristes
Anublan tu faz de madre,
Porque les falta a tus ojos
Algo bello, algo tan suave
Como las nubes de oro,
Rosa y grana de la tarde;
Y en el aire que respiras,
Y en las hojas de los árboles
Ves cruzar cual misteriosa
Sombra, de tu amor imagen,
A la perla de tus Sueños,
Al precioso Miguel Ángel.
4
¿Pero no ves, Micaela,
Esa nube y esos ángeles?
Mira! No ves còmo suben?
¿Los ves? ¿Los ves? ¡Triste madre,
Ya se llevan a tu hijo
De tus delirios la imagen;
El alma de tus amores,
La noche de tus afanes,
Pura gota de rocío,
Linda perla de los mares!...
¡Llora! llora, Micaela,
Porque se fue Miguel Ángel!
[Abril de 1868]
ilustración: Eduardo Jo.
27 junio, 2008
JOSE MARTÍ PÉREZ

HIERRO
Ganado tengo el pan: hágase el verso,—
Y en su comercio dulce se ejercite
La mano, que cual prófugo perdido
Entre oscuras malezas, o quien lleva
A rastra enorme peso, andaba ha poco
Sumas hilando y revolviendo cifras.
Bardo ¿consejo quieres? pues descuelga
De la pálida espalda ensangrentada
El arpa dívea, acalla los sollozos
Que a tu garganta como mar en furia
Se agolparán, y en la madera rica
Taja plumillas de escritorio, y echa
Las cuerdas rotas al movible viento.
¡Oh alma! ¡oh alma buena! mal oficio
¡Tienes!: póstrate, calla, cede, lame
Manos de potentado, ensalza, excusa
Defectos, tenlos —que es mejor manera
De excusarlos, y mansa y temerosa
Vicios celebra, encumbra vanidades:
Verás entonces, alma, cuál se trueca
En plato de oro rico tu desnudo
¡Plato de pobre!
Pero guarda ¡oh alma!
¡Que usan los hombres hoy oro empañado!
Ni de eso cures, que fabrican de oro
Sus joyas el bribón y el barbilindo:
¡Las armas no, —las armas son de hierro!
Mi mal es rudo: la ciudad lo encona:
Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto
Lo aliviará mejor! —Y las oscuras
Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
La dilatada sombra. ¡Oh verso amigo:
Muero de soledad, de amor me muero!
No de vulgar amor: estos amores
Envenenan y ofuscan: no es hermosa
La fruta en la mujer, sino la estrella.
La tierra ha de ser luz, y todo vivo
Debe en torno de sí dar lumbre de astro.
¡Oh, estas damas de muestra! ¡oh, estas copas
De carne! ¡Oh, estas siervas, ante el dueño
Que las enjoya o estremece echadas!
¡Te digo, oh verso, que los dientes duelen
De comer de esta carne!
Es de inefable
Amor del que yo muero, —del muy dulce
Menester de llevar, como se lleva
Un niño tierno en las cuidosas manos,
Cuanto de bello y triste ven mis ojos.
Del sueño, que las fuerzas no repara
sino de los dichosos, y a los tristes
El duro humor y la fatiga aumenta,
Salto, al Sol, como un ebrio. Con las manos
Mi frente oprimo, y de los turbios ojos
Brota raudal de lágrimas. ¡Y miro
El Sol tan bello y mi desierta alcoba,
Y mi virtud inútil, y las fuerzas
Que cual tropel famélico de hirsutas
Fieras saltan de mí buscando empleo;—
Y el aire hueco palpo, y en el muro
Frío y desnudo el cuerpo vacilante
Apoyo, y en el cráneo estremecido
¡En agonía flota el pensamiento,
Cual leño de bajel despedazado
Que el mar en furia a playa ardiente arroja!
¡Sólo las flores del paterno prado
Tienen olor! ¡Sólo las seibas patrias
Del sol amparan! Como en vaga nube
Por suelo extraño se anda: las miradas
Injurias nos parecen, y el sol mismo,
¡Más que en grato calor, enciende en ira!
¡No de voces queridas puebla el eco
Los aires de otras tierras: y no vuelan
Del arbolar espeso entre las ramas
Los pálidos espíritus amados!
De carne viva y profanadas frutas
Viven los hombres, —¡ay! mas el proscripto
De sus entrañas propias se alimenta!
¡Tiranos: desterrad a los que alcanzan
El honor de vuestro odio: —ya son muertos!
Valiera más ¡oh bárbaros! que al punto
De arrebatarlos al hogar, hundiera
En lo más hondo de su pecho honrado
Vuestro esbirro más cruel su hoja más dura!
Grato es morir, horrible, vivir muerto.
¡Mas no! ¡mas no! La dicha es una prenda
De compasión de la fortuna al triste
Que no sabe domarla: a sus mejores
Hijos desgracias da Naturaleza:
Fecunda el hierro al llano, el golpe al hierro!
N.York. 4 de agosto
José Martí
Ganado tengo el pan: hágase el verso,—
Y en su comercio dulce se ejercite
La mano, que cual prófugo perdido
Entre oscuras malezas, o quien lleva
A rastra enorme peso, andaba ha poco
Sumas hilando y revolviendo cifras.
Bardo ¿consejo quieres? pues descuelga
De la pálida espalda ensangrentada
El arpa dívea, acalla los sollozos
Que a tu garganta como mar en furia
Se agolparán, y en la madera rica
Taja plumillas de escritorio, y echa
Las cuerdas rotas al movible viento.
¡Oh alma! ¡oh alma buena! mal oficio
¡Tienes!: póstrate, calla, cede, lame
Manos de potentado, ensalza, excusa
Defectos, tenlos —que es mejor manera
De excusarlos, y mansa y temerosa
Vicios celebra, encumbra vanidades:
Verás entonces, alma, cuál se trueca
En plato de oro rico tu desnudo
¡Plato de pobre!
Pero guarda ¡oh alma!
¡Que usan los hombres hoy oro empañado!
Ni de eso cures, que fabrican de oro
Sus joyas el bribón y el barbilindo:
¡Las armas no, —las armas son de hierro!
Mi mal es rudo: la ciudad lo encona:
Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto
Lo aliviará mejor! —Y las oscuras
Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
La dilatada sombra. ¡Oh verso amigo:
Muero de soledad, de amor me muero!
No de vulgar amor: estos amores
Envenenan y ofuscan: no es hermosa
La fruta en la mujer, sino la estrella.
La tierra ha de ser luz, y todo vivo
Debe en torno de sí dar lumbre de astro.
¡Oh, estas damas de muestra! ¡oh, estas copas
De carne! ¡Oh, estas siervas, ante el dueño
Que las enjoya o estremece echadas!
¡Te digo, oh verso, que los dientes duelen
De comer de esta carne!
Es de inefable
Amor del que yo muero, —del muy dulce
Menester de llevar, como se lleva
Un niño tierno en las cuidosas manos,
Cuanto de bello y triste ven mis ojos.
Del sueño, que las fuerzas no repara
sino de los dichosos, y a los tristes
El duro humor y la fatiga aumenta,
Salto, al Sol, como un ebrio. Con las manos
Mi frente oprimo, y de los turbios ojos
Brota raudal de lágrimas. ¡Y miro
El Sol tan bello y mi desierta alcoba,
Y mi virtud inútil, y las fuerzas
Que cual tropel famélico de hirsutas
Fieras saltan de mí buscando empleo;—
Y el aire hueco palpo, y en el muro
Frío y desnudo el cuerpo vacilante
Apoyo, y en el cráneo estremecido
¡En agonía flota el pensamiento,
Cual leño de bajel despedazado
Que el mar en furia a playa ardiente arroja!
¡Sólo las flores del paterno prado
Tienen olor! ¡Sólo las seibas patrias
Del sol amparan! Como en vaga nube
Por suelo extraño se anda: las miradas
Injurias nos parecen, y el sol mismo,
¡Más que en grato calor, enciende en ira!
¡No de voces queridas puebla el eco
Los aires de otras tierras: y no vuelan
Del arbolar espeso entre las ramas
Los pálidos espíritus amados!
De carne viva y profanadas frutas
Viven los hombres, —¡ay! mas el proscripto
De sus entrañas propias se alimenta!
¡Tiranos: desterrad a los que alcanzan
El honor de vuestro odio: —ya son muertos!
Valiera más ¡oh bárbaros! que al punto
De arrebatarlos al hogar, hundiera
En lo más hondo de su pecho honrado
Vuestro esbirro más cruel su hoja más dura!
Grato es morir, horrible, vivir muerto.
¡Mas no! ¡mas no! La dicha es una prenda
De compasión de la fortuna al triste
Que no sabe domarla: a sus mejores
Hijos desgracias da Naturaleza:
Fecunda el hierro al llano, el golpe al hierro!
N.York. 4 de agosto
José Martí
ilustracion: autorretrato de José Martí (el original solo mide dos centimetros de alto)
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